"La profecía del armadillo", una comedia sobre el duelo, la amistad y el desconcierto existencial de los hijos de la larga crisis italiana


Los protagonistas de “La profecía del armadillo” Simone Liberati y Pietro Castellitto

La profecía del armadillo es la ópera prima de Emanuele Scaringi (Roma, 1979). La película está basada en la popular graphic novel homónima de Michele Rech, mejor conocido como Zerocalcare, un dibujante que es considerado la voz de la generación de los treintañeros italianos.

“Fue difícil olvidarme del cómic y concentrarme en la historia”, dice Scaringi acerca del desafío que supuso llevar a la gran pantalla un cómic tan popular. “Es una película que tiene la particularidad de tratar sobre la elaboración del duelo con el tono de la comedia”, explica en diálogo con Infobae Cultura. La película tuvo su premiére mundial en la sección Orizzonti del 75° Festival de Venezia y fue presentada en la 6° Semana de Cine Italiano en Buenos Aires.

El protagonista de la historia es Zero (Simone Liberati), un joven de 27 años que pasa sus días en medio del desconcierto existencial, entre trabajos precarios y las andanzas con su amigo Secco (Pietro Castellitto) por Triburtina Valley, un barrio de la periferia de Roma que nada tiene que ver con la ciudad de las postales y los turistas. Cuando recibe la noticia de la muerte de Camille, su primer amor, para Zero comienza un viaje, real y metafórico, de regreso a las aspiraciones y los sueños de la adolescencia. Además de Secco, lo acompañan el Armadillo (Valerio Arpea), que representa su conciencia y su costado más mezquino. Esa aventura, a la vez cómica y melancólica, repleta de diálogos brillantes y citas de cultura pop, se convierte en el espejo de una generación.

¿Qué desafío supuso convertir un cómic tan famoso en una película?

—En Italia ya de por sí es difícil hacer una película. Es difícil debutar como director. En este caso particular la dificultad extra fue hacer una película basada en un cómic, algo que en Italia se hizo apenas 4 o 5 veces. El desafío fue respetar a Zerocalcare y sus personajes, que yo conozco muy bien porque crecí en un lugar similar, con las mismas referencias. Y por otro lado lo difícil fue olvidarme del cómic y concentrarme en la historia, que tiene la particularidad de tratar la elaboración del duelo con el tono de la comedia. Mantener estos dos elementos juntos fue una operación complicada y un desafío muy fascinante. 

—¿Se identificó en el protagonista?

—Yo soy bastante menos nerd. Lo que me gustó de este personaje es la ironía y su autoironía. Es algo raro en Italia. Allá cuando se hace comedia se cae muchas veces en la farsa. Lo que me gusta del personaje es esta cosa absurda por la que es tratado a los 30 años como si fuera un adolescente. Este es un tema que me importa mucho, porque hasta hace 10 años a los 30 eras un gerente en carrera. Ahora, en cambio, estás excluido de los ciclos productivos, el trabajo casi se convierte en buscar trabajo. Esta working class, que se mueve en una Roma un poco periférica (aunque no es esa periferia vinculada con la criminalidad que se suele retratar) era un tema que quería contar. Son dos chicos normales que se la rebuscan para conseguir un trabajo y encontrar su lugar. 

—¿Por qué en Italia prevalece esta descripción de los jóvenes? ¿Por qué en diez años cambió tanto? Usted en otras entrevistas citó a L’Ultimo Bacio (El último beso), una película de 2001 en la que los protagonistas tenían la misma edad de Zero y sin embargo ya tenían carreras exitosas, estaban casados y con hijos…

Yo empecé a trabajar en el cine tras el éxito de esa película, que marcó una época. Ahora los jóvenes de 30 años son tratados como adolescentes. Lo peor es que los proprios involucrados juegan con esta narración, no trabajar hasta los 30 años se convierte en un hábito porque de todas formas no hay posibilidades. Eso me genera bronca. Es como si hubiera una forma de aceptación, de derrota latente. Yo creo que es el momento de retomar las riendas. En parte es también una lucha generacional. No es un tema central de la película, pero yo creo que esos jóvenes también tienen la voluntad de cambiar esta situación.

El director Emanuele Scaringi. La “Profecía del armadillo” es su primera película
El director Emanuele Scaringi. La “Profecía del armadillo” es su primera película

—¿Cree que este cambio se debe sólo la crisis de los últimos años o hay otros elementos?

—Seguramente, esta es la primera vez que la generación de los que tienen 30 o 40 años cuenta con un nivel de bienestar menor al de la generación anterior, así que seguramente hay un enfrentamiento. Yo crecí haciendo el mismo recorrido de mi padre: la escuela, la secundaria, la universidad, el trabajo. Pero luego, cuando llegué a trabajar, el trabajo ya no existía. No hay más protección, no existen más las leyes que protegían a los trabajadores. Te encuentras en un mundo totalmente diferente a aquel para el que te habías preparado y no logras encontrar un lugar, que es el que mis padres hubieran encontrado a mi edad. Y mi generación incluso es diferente a la siguiente, que ingresa en un mundo que aún está por inventarse.

—Será por eso que muchos jóvenes italianos terminan emigrando al exterior. 

—Sí, se van del país y terminan haciendo cosas que en Italia no harían.

—O tal vez hacen lo que querían hacer y que en Italia no podían hacer. Muchos dicen que afuera son más valorados.

—No lo sé la verdad. Lo que me provoca rabia es que se asuma como algo normal tener que irse del país para hacer lo que uno quiere. Es una derrota. Yo creo que hay que volver a apropiarse desde abajo de estas políticas culturales y laborales y volver a tomar el control de a poco. No hay que tener esa idea de que si acá no encuentro trabajo entonces me voy. Yo debuté tarde como director. Me decían: por qué no te vas a Estados Unidos. Pero yo quiero contar mi lugar, mis amigos. Y esto tengo lo tengo que hacer acá.

—Hablando del lugar en el que nació. ¿Cuál es la característica de esta parte de Roma que muestra en la película, tan distinta a la imagen que un extranjero tiene de la ciudad?

—La película se burla un poco de esa Roma de postal, cita a La princesa que quería vivir cuando los amigos van al centro en moto. Yo quería que se viera el barrio de la working class y que se viera casi bonito. Esa zona de la película se llama Triburtina Valley y es la zona de los mercados generales, de la industria (sobre todo militar), es una especie de periferia estadounidense. Es una zona que explotó a partir de los años 70, muchas veces sin plazas, sin cines, que sigue creciendo. Al contrario que en otros lugares, allí las clases sociales siguen mezcladas, hay gente adinerada que se mudó ahí porque quería una casa más grande, gente que llega de regiones cercanas para buscar trabajo, otros que llegan desde las montañas… es una linda mezcla de experiencias humanas.

El armadillo es a la vez la conciencia y el lado más mezquino del joven protagonista
El armadillo es a la vez la conciencia y el lado más mezquino del joven protagonista

—El armadillo representa la conciencia del protagonista, se alimenta de sus miedos. ¿Para usted cuáles son los miedos de los jóvenes italianos?

—En este momento hay un armadillo gigante que se está tragando todo. Es esta deriva populista, que es muy peligrosa. Después de 20 años en los que hubo casi un régimen, parece inconcebible que ahora esté esta nueva ola política. A muchos este armadillo les viene bien porque dice todas las cosas que uno no se anima a decir, aunque la mayoría de los consejos que da son equivocados. Es un poco la tendencia a delegar a otros el futuro. Los chicos de 20 años que ahora van a la universidad tienen que recuperar sus espacios y no esperar a que alguien lo haga desde arriba. No tienen que tener miedo.

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Fuente original Infobae

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