Por qué la mente humana nunca deja de encontrar problemas

La salud de una mujer a los 40 años implica otros riesgos para el embarazo (iStock)

Como parte del estado de alerta que crea el instinto de lucha o huida, la mente humana es capaz de extender la definición de los conceptos si escasea una señal a la que debe estar atenta: sigue hallando así lo que busca, aunque no esté. Ese mecanismo, describió el investigador del Departamento de Psicología de la Universidad de Harvard, David Levari, hace que “el  cerebro nunca deje de encontrar problemas”.

Desde la percepción de los colores hasta el juicio ético, existe una tendencia al deslizamiento de los parámetros, de manera tal que el espectro de la preocupación aumenta a medida que un problema desaparece. Por ejemplo, al mostrarles una serie de puntos azules y luego otra de puntos azules y violetas, las personas ven más puntos azules de los que hay en la segunda muestra. Y al mostrarles una serie de rostros amenazantes y otra de rostros amenazantes y rostros neutrales, encuentran amenazantes las expresiones neutrales.

En el estudio, que pone a prueba lo que se conoce como “deslizamiento de conceptos”, quiso entender por qué el cerebro actúa de ese modo. En un artículo que publicó en The Conversation, Levari explicó que él y sus colegas llevaron al laboratorio de Harvard a un grupo de gente para mostrarles una serie de rostros generados por computadora para que lucieran muy intimidantes y muy inofensivos.

¿Son azules o son violetas? “Cuando los puntos azules son comunes, se puede considerar que estos colores son azules”, explica la selección superior. La inferior marca hasta dónde el cerebro humano sigue viendo azul cuando los puntos de ese color escasean frente a los violetas.

¿Son azules o son violetas? “Cuando los puntos azules son comunes, se puede considerar que estos colores son azules”, explica la selección superior. La inferior marca hasta dónde el cerebro humano sigue viendo azul cuando los puntos de ese color escasean frente a los violetas.

“A medida que les mostramos a las personas rostros menos y menos amenazantes, hallamos que expandían su definición de ‘intimidante’ hasta incluir un rango mayor de rostros“, escribió Levari. “En otras palabras, cuando se quedaban sin rostros amenazantes que identificar, comenzaban a considerar amenazantes los rostros que antes llamaban inofensivos“. La definición de amenaza cambiaba según cuántas amenazas se habían visto anteriormente.

La prueba siguiente fue mostrar un panel de color azul y de color violeta para que los participantes dijeran cuáles contenían puntos azules. “A medida que los puntos azules comenzaban a volverse escasos, la gente comenzó a decir que los puntos ligeramente violetas eran azules”, resumió el investigador.

La conclusión a la que llegaron es que “esta clase de conducta es una consecuencia del modo básico en que nuestro cerebro procesa la información: constantemente comparamos lo que tenemos frente a nosotros con su contexto reciente”. Es decir que en lugar de ajustarse a una definición de lo amenazante a partir de todos los rostros registrados, el cerebro la ajusta a partir de la comparación con los rostros que vio más recientemente.

Worried couple reading an important notification in a letter sitting on a couch in the living room at home

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“Sucede que para el cerebro las comparaciones relativas suelen consumir menos energía que las mediciones absolutas“, detalló Levari. “Piense, por ejemplo, cuánto más fácil es recordar cuál de sus primos es el más alto que recordar exactamente cuánto mide cada uno”.

Es, estimaron, una cuestión evolutiva: los cerebros probablemente se adaptaron a “usar comparaciones relativas en muchas situaciones”, escribió el investigador, “porque estas comparaciones con frecuencia brindan la información suficiente para movernos con seguridad en nuestros ambientes y tomar decisiones, con el menor efecto posible”.

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Fuente original Infobae

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