Alberto Ray: Ponerse la careta


La Venezuela que despertó el 21 de mayo de 2018, fue distinta a todos los amaneceres poselectorales de los últimos 20 años. Ya no solo por la materialización de un fraude anunciado con meses de anticipación, esta vez, Maduro debió exponer su naturaleza antidemocrática hasta el hueso para poder mantenerse en el poder.

19 países de América y la Unión Europea, los mercados globales, un sector significativo de la FAN y más de diez millones de venezolanos le dijeron al régimen que este ejercicio electoral significaba atravesar una línea roja de no retorno, y las consecuencias de esta acción se transformarían en la mayor crisis de gobernabilidad que el país ha vivido en los últimos 60 años.

La verdad es que a la casta gobernante hubiera preferido una ruta más discreta, pero no le quedó otra opción que huir hacia adelante para intentar sostener el control del país a cualquier costo. Una estrategia extrema de supervivencia que ha dejado a Maduro y a aquellos que intentaron jugar a la oposición, al desnudo, sin caretas donde esconderse.

Si bien, en apariencia al régimen ya no le importa mostrar su rostro dictatorial y el costo de hacerlo puede darse por descontado, lo cierto es que por definición los caminos totalitarios nunca son tan directos y necesitan el camuflaje de la confusión para poder avanzar. Ya lo decía Sun Tzu, autor favorito del chavismo, el arte de la guerra se basa en el engaño.

El objetivo estratégico principal y de cortísimo plazo del régimen es construir estabilidad para extender su horizonte de subsistencia y esto no es posible con tantas verdades en carne viva. Si ya no existen secretos bajo el sol, el país necesita un maquillaje urgente. No es de extrañar que se liberen algunos presos, se intente tender puentes con Estados Unidos y hasta se pinten los brocales de las autopistas, porque la realidad es que una nueva estafa requiere un nuevo escenario.

Por ahora el reto del gobierno es afianzar su estructura para no implosionar. Debe sostenerla de la manera que sea, inclusive, comprando liderazgos opositores, inventando planes económicos liberales, entregando a su propia gente a las sanciones si fuese necesario, pero no pueden permitirse que sus tácticas sigan al descubierto.

De ahora en adelante todo será más opaco e indefinido, así como sorpresivo, la base del engaño está en lo inesperado. Decir una cosa y hacer otra, mostrar un camino y transitar por uno distinto, ilusionar a su gente con proyectos imposibles, mientras tanto, acentuarán las persecuciones de todo el que se oponga, eso sí, en la oscuridad, sin anunciarlo.

Maduro ya no puede ser un lobo con piel de oveja, necesita mantener su naturaleza canina, pero en una versión de apariencia mansa, mientras las aguas se calman, es una especie de conteo de autoprotección mientras realinea sus cuadros a corto plazo.

Para el ciudadano común el reto será entender lo que se le viene encima. Debe aprender a leer entre líneas, observar más allá de lo obvio, cruzar datos desde distintas fuentes, no dejarse llevar por primeras opiniones y poner por delante los hechos y no las palabras.

Varios eventos del régimen podrán servir de guía para los próximos treinta días; los ascensos militares, el congreso del PSUV y las decisiones de la ANC. Mientras tanto, debe prestarse atención a el posicionamiento opositor que aun subsiste; el ascenso de María Corina Machado, los intentos de reagrupamiento opositor y las operaciones que desde el exilio realiza el TSJ.

No son tiempos fáciles de entender, pero determinantes en el desenlace que tendrá el país en lo que resta de 2018.

@seguritips

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Fuente original La Patilla

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